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INCLUSION SOCIAL
 
Uno de los principales puntos a tratar para poder “construir seguridad” tiene su basamento en la “INCLUSION SOCIAL” y su contra cara la “EXCLUSION SOCIAL”
Cuando sube el índice delictivo, en seguida lo vinculamos, con el desempleo, la pobreza o la desigualdad del ingreso y decimos que estos factores fundan este crecimiento, ahora los estudio académicos nos dicen que si bien esto influye lo principal  y directamente relacionado con el delito es la EXCLUSION SOCIAL
Con estos resultados, sólo cabe preguntarnos ¿qué es la exclusión social? En una aproximación, podemos decir que la exclusión social entrelaza la pobreza o carencia de ingresos estables, la desocupación o el trabajo inestable, los bajos niveles de educación y las relaciones inestables en el ámbito familiar y social. Como puede observarse, dentro de la exclusión social, los factores son tomados de manera conjunta y no de forma aislada, conformando un entramado de situaciones. Este indicador nos ha proporcionado un importante referente para estimar la cantidad de hogares que se encuentran en condiciones altamente desfavorables, así como también su relación con la tasa del delito contra la propiedad.

La trama del delito-exclusión. Aquellos que viven en esta condición tienen escasas oportunidades que les permitan alcanzar tanto los recursos económicos para satisfacer las necesidades básicas como el reconocimiento para restaurar el vínculo con la sociedad. Bajo estas circunstancias, algunos excluidos consideran al delito como una estrategia de supervivencia, la cual emerge de la sociedad que no provee las oportunidades necesarias para que puedan liberarse de las condiciones adversas en las cuales se encuentran. Luego de haber cometido el delito, y habiendo pasado por la Justicia, son doblemente excluidos, pues son apartados y reclutados dentro de instituciones penitenciarias que deterioran aún más las posibilidades de inclusión y sus capacidades humanas, lo que agrava su desfavorable situación inicial. Por otra parte, la sociedad contiene subsistemas que excluyen. Esta sociedad de exclusión se manifiesta a través de un acentuado proceso de diferenciación social. Por ejemplo, los barrios cerrados o countries y automóviles de gran porte en contraste con los “barrios-ciudad” y carros de tracción a sangre, lo que disminuye las posibilidades de inclusión.

Dentro de esta trama, en muchos casos el excluido busca escapar de su realidad mediante el camino de sustancias psicoactivas, tales como el alcohol y las drogas; al principio de manera estimulante y luego con un consumo excesivo, hasta convertirse en una adicción. La pérdida del control en el consumo y de la situación en la que vive lo conduce a la necesidad de dosis más altas para obtener el mismo efecto. Las huellas de la adicción se hacen visibles en el daño corporal y la falta de recursos económicos, y a partir de allí, la trama de la exclusión lo transporta al drama propio y de la sociedad. En otras palabras, las adicciones empeoran su situación, generando más exclusión y, en consecuencia, el incremento de la tasa del delito.

En las épocas de crisis económicas, la parte de la población que posee una menor disponibilidad de activos materiales e inmateriales es más vulnerable y corre el riesgo de desmoronarse hacia la exclusión social. A esto se suman las crisis reiteradas, que dejan un escaso margen para la planificación de políticas públicas eficientes, quedando problemas sin resolver y una amenaza latente.

Mecanismos tradicionales. Como se puede observar, la trama del delito-exclusión no tiene una solución única, ya que la exclusión, la reclusión, las adicciones y el delito se entrecruzan, de manera que la intervención en uno solo de los ámbitos no garantiza la solución. Esta trama sólo ha incluido algunos aspectos sociales y económicos que se han resumido en la exclusión social, por lo que es recomendable que en el futuro se incluya al conjunto de aspectos que van desde lo psicológico, lo político, lo institucional hasta el derecho, a fin de realizar un diagnóstico integrado con bases sólidas para proponer acciones concretas y políticas generales alternativas.

Actualmente en la Argentina hay 1.800.000 casos de delitos denunciados y otros 3.000.000 que se cometen pero no se registran. Para poder modificar la situación tiene que haber medidas basadas en un nuevo pacto social como modo de inclusión. Este pacto tiene que ser articulado desde la política y con apoyo popular.
Frente al delincuente profesional podemos actuar sólo con mecanismos de control, pero gran parte de esa masa de conflictividad que crece tiene que ser abordada desde el ámbito estatal. Debe haber una decisión política de poner una alianza para prevenir el delito en sus formas más germinales. Antes de que se cristalicen las conductas delictivas.

La situación presente nos revela que la cantidad de delitos contra la propiedad tiene un alto crecimiento y la sociedad se ve autoamenazada. En consecuencia, el Gobierno actúa en dirección al aumento del gasto en seguridad, con la finalidad de paliar los efectos adversos de la amenaza, como una medida de emergencia.

De lo analizado, puede concluirse que hoy estamos frente al agotamiento de los mecanismos tradicionales de inclusión social y del tratamiento del delito, por lo que necesitamos un mayor esfuerzo de coordinación para incrementar la eficacia de cualquier intervención estatal.
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Algunas notas relacionadas con lo antedicho son:
 
http://www.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=1303817
 
JOVENES SIN ESTUDIO NI TRABAJO
 
http://www.clarin.com/sociedad/educacion/Cayo-cantidad-universitarios-clase-baja_0_347365307.html
 
CAYÓ UN 34 % LA CANTIDAD DE UNIVERSITARIOS DE CLASE BAJA